Es una historia larga, pero vale la pena contarla. Llegué a MUHU como mi última opción. Jugué fútbol americano en la secundaria y en la universidad y, con los años, las consecuencias de una mala técnica me pasaron factura: terminé con discos abultados y herniados en la parte baja de la columna. En Estados Unidos, los médicos me dijeron que no podían hacer nada más. Primero me propusieron una «terapia de receptores nerviosos» para quemar…
Es una historia larga, pero vale la pena contarla. Llegué a MUHU como mi última opción. Jugué fútbol americano en la secundaria y en la universidad y, con los años, las consecuencias de una mala técnica me pasaron factura: terminé con discos abultados y herniados en la parte baja de la columna. En Estados Unidos, los médicos me dijeron que no podían hacer nada más. Primero me propusieron una «terapia de receptores nerviosos» para quemar las terminaciones nerviosas de las vértebras y, cuando mi seguro no la cubrió, me recomendaron una fusión vertebral. Incluso me dijeron que probablemente terminaría en una silla de ruedas antes de cumplir 35 años.
Con solo 30 años, dos hijos pequeños y una esposa que necesitaba mi ayuda, aquella noticia fue devastadora. No podía levantar a mis hijos del suelo ni ayudar a mi esposa con las cosas más sencillas, y dependía de un dispositivo TENS todos los días para poder seguir adelante. Llevaba dos conmigo, por si uno se quedaba sin baterías.
Entonces empecé a oír hablar de la terapia con células madre. Después de investigar mucho, viajé a Colombia en junio con apenas un 10 % de movilidad. Fui directamente a MUHU.
El tratamiento tuvo dos pasos: primero, terapia intravenosa con células madre y, al día siguiente, inyecciones directas en los discos intervertebrales y las articulaciones facetarias. Todo salió bien de principio a fin. El hospital era de primer nivel, comparable con cualquier centro de Estados Unidos, pero con una atención mucho mejor. Después me llevaron a un hermoso hotel cercano que yo había elegido, donde tuve una enfermera para mí durante 24 horas para vigilarme y administrarme analgésicos por vía intravenosa si era necesario. Dos días después, ya estaba de vuelta en Estados Unidos.
Ahora, tres meses después, puedo decir sinceramente que he recuperado alrededor del 75 % de mi movilidad. Pero lo más importante es que puedo volver a levantar a mis hijos del suelo y jugar con ellos. Puede parecer poca cosa, pero para mí y mi familia ha sido una bendición enorme.
No tengo palabras para agradecer a los médicos. El Dr. Marulanda y la Dra. Rivas fueron maravillosos en cada paso, desde nuestra primera videollamada hasta hoy. Y un agradecimiento especial a Steven, el agente de atención al paciente, que siempre se tomó el tiempo de responder incluso mis preguntas más pequeñas.
Solo puedo decir: gracias, MUHU, por devolverme la vida.